miércoles 24 de septiembre de 2008

El canto del cisne

Vuestro ruegos y otros comentarios han hecho mella en mí. No cerraré el blog... pero no volveré a publicar en él nada más.

Únicamente me reservo un último post para intentar mejorar la calidad media de este blog. Es un texto que empecé (según dicen las propiedades del archivo de word) en agosto del año pasado. Es un relato que tiene el objetivo de provocar un poco la risa. Perdón por el dibujo que acompaña al post, que ha sido realizado en menos de media hora y no es tan bueno como hubiese deseado. Allá va:




Recuerdos de un lacito negro

Ahora que colaboro como subalterno en una agencia internacional de espionaje, contraespionaje y recontraespionaje especializado en la investigación aeroterráquea, lejanos me parecen aquellos días en los que una modesta agencia de información funcionaba bajo mi tutela. Si bien es cierto que mi memoria prefiere olvidar aquellos casos que nunca resolvimos mi enlutado ayudante y yo, lo cierto es que son los más recordados por la mayoría del público. Nuestras rocambolescas peripecias fracasadas parecen divertir tantísimo a propios y extraños que sospecho que sea ésa la razón de nuestra (tal vez inmerecida) fama.

Es precisamente eso lo que considero incómodo de nuestro éxito: que se menosprecie de manera categórica aquellos casos que supimos solucionar de manera impoluta. Por supuesto que no fueron muchos, pero los pocos que fueron, fueron sonados (¡y cómo!). Aún conservo con orgullo, añoranza y en una carpeta los titulares del primer caso que resolvimos mi ayudante y yo, que nomenclaturé acertadamente como “El primer caso que resolvimos mi ayudante y yo”.

Mi historia da comienzo a principios de 1961. La agencia no iba muy boyante por aquellas fechas, debido la pésima publicidad que recibíamos de la sección de sucesos de los periódicos. Afortunadamente, y a pesar de nuestro mal hado, aquella escasez de casos nos permitía centrarnos al máximo en aquél que se nos presentase. Aquel día, tras haberme traído las pistas del último caso que habíamos aceptado, mi alopécico subalterno zanganeaba bucólicamente por la oficina probándose disfraces de fantasía y ciencia ficción. Le exhorté a que dejara de distraerme con su atuendo de revista de Bruguera sin tebeos reeditados, tras lo que repasé los elementos del caso atentamente. Ningún dato consiguió evadir el campo de visión de mi diestro globo ocular derecho.

Las pistas recogidas eran las que siguen: teníamos unas tijeras manchadas con un fluido que aventuré a definir infundadamente como sangre (y luego resultó ser tinta de un bolígrafo verde pera), un botón encarnado de dos orificios que posteriormente utilicé para sustituir a uno de mi olvidada chaqueta roja, unas elegantes gafas de pasta sin sus lentes, dos culos de botella (¿o los cristales de las mencionadas gafas? Nunca lo comprobé), unas consumidas colillas manchadas de carmín fucsia, y unas páginas del periódico “La Bola” de hacía unos días, arrugado y manchado de grasa de algún alimento aceitoso.

Tal como lo recuerdo, los hechos transcurrieron del siguiente modo. Doña Fredegunda, además de persona de avanzada edad era una mujer de nobles y rectas costumbres. Su rutina diaria consistía en una combinación estratégica de visitas a un centro de día, algunas horas para tejer bufandas kilométricas escuchando la radio y los consabidos momentos de desayuno, comida y cena caseros. Su vida era una pacífica balsa de aceite en la que nada hacía esperar lo que ocurrió una tormentosa mañana de enero. Doña Fredegunda regresaba de un breve paseo huyendo de la humedísima (o humedérrima) lluvia. Los relámpagos destellaban en las casas mientras los truenos redoblaban en las nubes. Es en este momento cuando Doña Fredegunda se encontró todos los objetos citados enfrente de la puerta de su casa.

Muy furibunda, Doña Fredegunda nos llamó por teléfono nada más encontrar nuestro nombre en un periódico.

– Agencia de información. ¿Qué desea? – saludé cortésmente mientras me atusaba mi lacito negro.

– Buenos días, ¿es éste el número de Amadeo y Salvador, basureros de afición? – gruñó porcinamente la susodicha.

– Sí, dulce ancianita de delicada voz.

Le mentí. Sé que hice mal, pero nuestra situación financiera y los efectos perjudiciales derivados de ella en nuestra dieta mediterránea hicieron necesaria una mentira piadosa que en nada perjudicaba a la viejecita. Bien es sabido que el hambre agudiza el apetito, y fue eso lo que me motivó a aceptar nuestra nueva identidad para conseguir un encargo.

Al instante me describió de manera clara su situación, tras lo que me comunicó que era su deseo que alguien tirase toda esa basura inmediatamente. Envié a mi adjunto, amigo y rival a que recogiese los desperdicios mencionados, así como para cobrar los honorarios pertinentes. Debido a su reticencia inicial a la hora de trabajar, me vi en la obligación de sacudirle antes con una llave inglesa gigante en su colodrillo, lo que, sospecho, fue la causa de que volviese raudamente a la oficina.

Mientras recordaba toda esta historia, seguía yo mirando detalladamente ese botón rojo pensando en lo bien que quedaría en mi chaqueta. Orgulloso por terminar un trabajo bien hecho, cogí con las dos manos el resto de pútridos elementos y los archivé despreocupadamente en mi papelera. El caso estaba cerrado.

A la madrugada del día siguiente se congregaron en mi domicilio cuantiosos periodistas para confirmar la resolución correcta del caso y remitir la información a los medios. Aquella impactante noticia ocupó las primeras planas de los diarios más eminentes en el campo nacional y de un grupo selecto (que no pequeño) de periódicos internacionales. Radio, NO-DO y televisión repitieron la audaz noticia durante unos días. Todo el mundo me llamó para felicitarme: papá y mamá. Como es de recibo, mi miope colaborador y yo no salíamos de nuestro gozo. Aquel éxito era algo totalmente nuevo para nosotros.

Todavía mi ayudante y yo hablamos de ello alguna que otra vez. La melancolía aflora en nosotros como el moco por la vía respiratoria mientras recordamos los detalles de ese trepidante día, y no podemos evitar acabar entre lagrimitas nostálgicas. Decididamente, en aquellos tiempos no se menospreciaron de manera categórica aquellos casos que supimos solucionar de manera impoluta, y bla, bla, bla…

sábado 20 de septiembre de 2008

Adiosito

En un par de días voy a borrar este blog. Lo digo para que lo vayáis quitando de vuestros favoritos :P

No, en serio, para que me borréis de los enlaces de otros blogs. Estáis avisados, luego no me preguntéis por qué no podéis entrar en este blog.

EDITADO: Respondo a ComisarioGordo, que en los comentarios me pregunta por qué cierro el blog.

Simplemente porque este blog no sirve para nada y no tengo nada que contar. Me estoy obligando a hacer post y no me gusta. No voy por la calle pensando "ya verás cuando lo cuente en el blog", sino que miro el blog y me pregunto "¿qué hago ahora contigo?".

¿Por qué voy a borrar el blog en vez de simplemente no actualizarlo? He estado repasando los post antiguos y no encuentro nada interesante o útil. A nadie le interesa especialmente los mil garabatos que hago antes de dibujar, o los tebeos que quería comprarme y al final no pude.

sábado 13 de septiembre de 2008

Una paginita muy curiosa

Estaba ojeando unos tebeos antiguos y me he encontrado de pronto con una maravilla. Haciendo click se puede ver más grande:



Es la segunda página de tres de una historieta del Super Zipi y Zape #83 (1987).

Me encanta por dos razones:

1) Un dibujante que tiene estilo de "ilustrador de libros infantiles", pero que sin embargo hace una historieta muy simpática. Los ilustradores que se meten a dibujantes de cómic no me suelen gustar, se preocupan más del dibujo que de la historia.

2) ¡¡Esas viñetas son magníficas!! ¿Quién no puede sentirse identificado? El chico de la gorra es un chaval ingenuo que intenta parecer bueno ("no, elige tú"), pero que inmediatamente se arrepiente ("maldición, yo quería el libro azul, ¿por qué le he dejado elegir?") y termina envidiando a su hermano ("ese libro me pertenece, yo debería estar riéndome de esos chistes"). Todo muy tienno y simpático (¿naïf?), con pocas palabras y muchos gestos.

sábado 30 de agosto de 2008

Curiosidades sobre la censura

Las series animadas para niños americanas tienen una ligera censura. Seguro que no le sorprende a nadie, ya que EEUU ya impuso una fuerte censura en el cine ("Lo que el viento se llevó" tuvo problemas con los censores por culpa de la última frase), y poco después en el cómic.

En las series animadas la censura básicamente consiste en cuatro puntos:

- Está prohibida la presencia de sangre.
- Está prohibida la pronunciación de las palabras "muerte", "morir" o "matar".
- Están prohibidas las armas de fuego (por eso los villanos suelen tener armas láser).
- Está prohibido que los personajes peguen puñetazos a la cara.

Luego cada serie tiene sus manías propias. En la serie de Spiderman de los 90 de Antena 3 estaba prohibido que el villano ganase o que Spiderman aplastase gorriones en los tejados (sic). Otras series por su parte solían tener prohibido la aparición de vampiros y otros monstruos de terror clásico.

Por supuesto los creadores de estas series no aceptan estas prohibiciones e intentan evitarlas de cualquier forma. Por ejemplo, en la mencionada serie de Spiderman de los 90 consiguieron que el héroe pelease con vampiros, sólo que éstos no mordían en el cuello a sus víctimas y no podían decir sangre... en su lugar decían "plasma".

Sobre las armas de fuego también se han hecho algunos trucos para sacarlas en pantalla. En la serie de Spider-Man de los 90 (a partir de ahora Spider-Man: The Animated Series, o Spider-Man: TAS) se mostraron armas de fuego de dos modos: el primero fue enseñando un revolver que en ningún momento se utilizaba para apuntar a nadie; el segundo fue enseñar metralletas disparando pero ocultando si apuntaban a la gente. En la reciente serie The Spectacular Spider-Man se ha optado por añadir un sonido falso de disparo a las armas de fuego. Por su parte, en Batman: The Animated Series se permitió desde el principio los revólveres y metralletas.

"Destruir" es la palabra más común a la hora de evitar decir "matar", "morir" o "muerte" en estas series. Por lo general se suele decir también "hace años que perdimos a tal persona". Como caso anecdótico, en Spider-Man: TAS evitaron la censura de estas palabras cuando un personaje dijo "me muero de ganas de destruir a Spiderman".

Dejo para el final los puñetazos en la cara. La censura es la razón de que en estas series los protagonistas siempre hagan acrobacias y golpes originales antes que un efectivo puñetazo en las napias. Hay una escena muy divertida en la película "Batman y Superman: la película" en la que las ayudantes del Joker y Luthor luchan fuera de la pantalla, de modo que el espectador sólo puede oír la pelea. De pronto uno de los personajes grita "¡Toma un puñetazo en la cara!" Sublime.

Otro truco muy usado en la serie de Batman: TAS es mostrar cómo Batman da un puñetazo a los villanos pero tapando con el momento en el que el puño entra en contacto con la cara con una breve pantalla blanca. Me encanta ese truco, porque cumple la censura y a la vez el puñetazo parece más potente.

En otras ocasiones lo que se hace es utilizar un plano frontal del protagonista que sabemos que está enfrente de un villano. El héroe pega un puñetazo "a la cámara", y en la siguiente escena vemos cómo el malo sale volando por culpa del golpe. Nuevamente no hemos visto el puñetazo, pero sí el efecto y la causa. Éste truco recuerdo haberlo visto en Gargoyles, principalmente.

Hay quedan todas las anécdotas que he ido recopilando sobre la censura en las series de animación. Espero que los haya parecido interesante.

[Lamento no haber colgado videos de muestra, pero no estoy seguro de que este artículo, con o sin videos, interese, así que no quería perder el tiempo).

viernes 29 de agosto de 2008

Después de ver El caballero oscuro...

Salimos del cine y una chica me dice:

- Qué mala adaptación. En los tebeos el Joker mata a los padres de Batman.

Silencio incómodo.

Por cierto, veo que las ojeras negras del Joker en esta película están copiadas del Joker de los dibujos animados. Me encanta esa serie, así que me encanta que hayan copiado cualquier detalle de ella.

lunes 25 de agosto de 2008

Al menos tiene dignidad y no cuelga tiras en un blog

Click para agrandar.



Con todos mis respetos a los que cuelgan tiras graciosas en sus blogs, pero es que hay tan pocas que sean buenas...

Ya está bien, ¿no?



Qué pesados que son algunos. No era para tanto. ¿A alguien le ha convencido la horterada de moto? Por no hablar de esa grandísima estupidez que es lo de los teléfonos móviles. ¿No puede utilizarlos antes? ¿Por qué lo destruye Morgan Freeman, es que espera que Bruce Wayne no lo reconstruya?

O esos discursos pesaos y aburridos del Joker. Por favor, en ningún tebeo el Joker es tan idiota de explicar por qué es interesante como personaje ("represento tal cosa, me comporto así contigo porque tú representas tal otra... Tú eres el superego y yo el id descontrolado, ¡dame el oscar al mejor guión!"). Esos discursitos son los que sueltan los guionistas de los tebeos, no lo personajes, porque si no quedaría estúpido. Como así ha sido. En la serie animada de Bruce Timm está el mejor Joker posible, y no era un filósofo sociópata. Peor aún, hay gente que lo ve como "novedoso": "oh, el Joker es el único villano que es capaz de hacer ver a Batman como el malo". Ajá, pero eso ya pasó hace años... en los tebeos. "Oh, orden y caos, Batman y Joker, ¿quién lo habría pensado?". Nuevamente, eso pasó hace años. No es nuevo. No es original. Al menos está bien adaptado.

Por no hablar de ese discurso final tan absurdo, tan "guau, cuando la Academia vea la película seguro que me llevo el Oscar al mejor guión". Pero en fin, me esperaba estas absurdeces del guionista de las películas de Blade, esas con esos diálogos magníficos:

King: Se llama Danika Tallos, la conociste hoy. Y a diferencia de los típicos vampiros, tiene los colmillos en la vagina.

King: Depende de a quién se lo preguntes, porque, claramente, ese chucho tiene la polla más grande que la tuya.
Dientes metálicos: ¿Y cuándo coño has visto tú mi polla?


Lo dicho, sólo con leer esos diálogos tan "graciosos" te puedes esperar cualquier chorrada. ¿Cómo es que sigue trabajando este guionista?

Por mi parte, Gary Oldman magnífico (habría que hacer una película para que la protagonizase como James Gordon). El actor de Harvey Dent, otro personaje que le quita protagonismo a Batman de una manera magnífica (la parte final pierde un poco por los efectos especiales, que le quitan protagonismo). El negro gigantón del ferry de reclusos posiblemente protagoniza la mejor escena de la película (lo del lápiz está bien pero es sólo un chiste, lo del ferry tiene significado). Bruce Wayne y Alfred, un par de incordios que no tienen mucho protagonismo. Y Batman es un CABEZÓN. ¿No hay otra forma de que pueda mover el cuello? El Joker, po bueno, po vale, po malegro. Que no está mal, pero sólo porque esté muerto no tienen que darle un Oscar.

(Parece que las olimpiadas pegan fuerte. La momia 3 y ésta supongo que se aprovechan de la publicidad y por eso están ambientadas en China. Bueno.)

Y nada más. Que si la queréis ver, genial, pero que no hay que ser tan pesado con que es una obra maestra porque un actor ha muerto.

Un último detalle: los foros se llenan ahora de gente que pregunta por tebeos en los que Batman y Joker se peleen. ¡Sorpresa! ¡No existen! Sólo hay dos o tres buenos, el resto es basura. Lo único digno es "El caballero oscuro" y "La broma asesina", el resto de tebeos con Joker son de una mediocridad acojonante. ¿Entonces por qué es tan famoso? Sólo por el diseño.